Cookie Consent by PrivacyPolicies.com

Hacer de la inclusión una solución asegurada: por qué el seguro debe convertirse en una prioridad estratégica para la inclusión financiera

Read in English

Durante décadas, las instituciones financieras de América Latina y el Caribe han buscado mostrar que el acceso al crédito puede transformar vidas. Millones de personas han podido invertir en sus negocios, aumentar sus ingresos, generar empleo y mejorar las condiciones de vida de sus familias gracias a servicios financieros que antes estaban fuera de su alcance. Sin embargo, el progreso financiero y el impacto social sigue siendo frágil.

Una enfermedad, una inundación, una sequía, la pérdida del principal generador de ingresos del hogar o cualquier otro evento inesperado puede borrar en cuestión de días, años de esfuerzo y trabajo. Para millones de familias, la diferencia entre avanzar o retroceder no depende únicamente de acceder a financiamiento, sino de contar con mecanismos que les permitan resistir esos shocks cuando ocurren.

Esta fue una de las reflexiones más importantes que surgió durante el II Congreso Latinoamericano y del Caribe de Seguros Inclusivos. Coorganizado por Munich Re Foundation, SERINSA y Microinsurance Network, tres organizaciones unidas por una misma visión: impulsar soluciones que fortalezcan la resiliencia de las personas, los hogares y los mercados más vulnerables y desatendidos, frente a riesgos que enfrentan en el día a día. Durante dos días, 160 representantes de aseguradoras, instituciones microfinancieras, organismos de desarrollo, reguladores, inversionistas y asociaciones sectoriales coincidieron en un mensaje fundamental: la inclusión financiera y bienestar social no estarán completos mientras no incorporen mecanismos efectivos de protección.

La discusión fue mucho más allá de los seguros. Fue, ante todo, una conversación sobre resiliencia, bienestar financiero, impacto y desarrollo. Esta visión fue reforzada por la participación de of Charles Schmit, Encargado de Negocios de Luxemburgo en Costa Rica, quien reafirmó el interés del Gobierno de Luxemburgo en considerar los seguros como un pilar fundamental de la inclusión financiera y destacó la importancia de la colaboración entre gobiernos, sector privado, organizaciones multilaterales, reguladores e instituciones financieras. En ese sentido, quedó claro que alcanzar ese potencial requiere mucho más que diseñar nuevas pólizas: exige construir ecosistemas capaces de conectar a las personas con soluciones de protección que respondan a sus necesidades reales.

1. La oportunidad para el sector financiero

A pesar de los avances logrados en las últimas décadas, la brecha de protección en América Latina y el Caribe sigue siendo enorme. Datos del Estudio del Panorama del Microseguro muestran que la región apenas alcanza una cobertura cercana al 9,2% de su mercado potencial, lo que significa que más del 90% de la población objetivo continúa sin acceso a mecanismos formales de protección.

Esta brecha representa una oportunidad estratégica para el sector financiero. De acuerdo con el mismo estudio, cerca del 60% de los seguros inclusivos en América Latina y el Caribe se comercializan a través del sistema financiero, lo que confirma el rol que tienen las instituciones financieras como canales de acceso a poblaciones tradicionalmente desatendidas. Sin embargo, la oferta todavía muestra una alta concentración en productos asociados al crédito. A nivel global, el 40% de los seguros inclusivos distribuidos a través del sistema financiero corresponde a coberturas de vida y vida crédito. Esta concentración también revela la necesidad de diversificar las soluciones de protección para responder a otros riesgos que afectan directamente la estabilidad financiera de los clientes y la calidad de las carteras.

Uno de los riesgos resaltados fue el climático. Durante el Congreso, SIUCOM presentó un análisis que relaciona variables climáticas con el comportamiento de la cartera. Utilizando datos de temperatura y precipitación, la organización identificó que variaciones relativamente pequeñas —del orden de 0,5 °C en temperatura y 1 mm en precipitación— se asociaban con incrementos cercanos al 0,75% en los niveles de morosidad. Este tipo de evidencia muestra que fenómenos como sequías, exceso de lluvias o variaciones extremas de temperatura pueden afectar directamente la capacidad de pago de agricultores, microempresarios y trabajadores informales. 

Las consecuencias de esta brecha son especialmente visibles en sectores como el productivo. Durante el Congreso, MiCRO Risk resaltó que el 70% de los pequeños productores de América Latina carece de cualquier tipo de seguro para proteger su actividad económica. Además, estos productores tienen tres veces más probabilidades de incumplir sus obligaciones financieras después de enfrentar un evento climático extremo. En una región donde los desastres naturales generan pérdidas económicas cercanas a los USD 290.000 millones anuales, la protección ya no puede verse como un lujo ni como un producto opcional; es una necesidad para la estabilidad económica de millones de personas.

Si bien el seguro puede ayudar a proteger las carteras del sector, esta mirada resulta insuficiente. Tradicionalmente, muchas instituciones financieras han visto el seguro como un producto complementario asociado al crédito o como una fuente adicional de ingresos. Sin embargo, su verdadero potencial va mucho más allá. 

El Congreso puso de manifiesto una realidad frecuentemente ignorada: cuando el seguro funciona, no solo protege a la institución financiera. Protege al cliente. Protege su negocio. Protege sus ingresos. Protege los avances que ha logrado construir. Y cuando los clientes son más resilientes, las instituciones financieras también lo son. Por eso, el seguro debe entenderse como un mecanismo para preservar bienestar financiero y social, proteger los medios de vida de las personas y asegurar que el progreso alcanzado a través de la inclusión financiera no se pierda frente al próximo shock económico, climático o de salud.

2. El seguro protege mucho más que una cartera de crédito

Quizás uno de los mensajes más interesantes del Congreso fue que los seguros inclusivos deben dejar de verse como una línea de negocio secundaria y comenzar a entenderse como parte integral de una estrategia de inclusión financiera. Por ello, es fundamental que la relación entre instituciones financieras y aseguradoras no se limite a un proceso de licitación para el mejor postor, sino que evolucione hacia una colaboración más integrada, basada en objetivos comunes de impacto.

La experiencia de REDCAMIF y SERINSA muestra precisamente ese potencial. Durante años, ambas organizaciones han trabajado junto a instituciones financieras y aseguradoras para desarrollar soluciones que respondan a las necesidades reales de poblaciones vulnerables. Su experiencia demuestra que el crédito y el seguro no son herramientas separadas. Son mecanismos complementarios que cumplen funciones distintas dentro de un mismo objetivo: mejorar el bienestar financiero de las personas.

El crédito permite progresar. El seguro permite proteger ese progreso. Sin uno de estos componentes, la inclusión financiera queda incompleta.

Las experiencias compartidas durante el Congreso mostraron que el seguro puede cumplir un rol mucho más amplio que proteger una cartera de crédito. Bien diseñado, puede convertirse en una puerta de entrada a servicios financieros y de protección para personas que históricamente han estado excluidas de este tipo de soluciones.

Un ejemplo claro fue la experiencia presentada por AXA con mujeres microempresarias rurales. En este programa, el 60% de las participantes señaló que no conocía la existencia de seguros adaptados a sus necesidades antes de acceder a la cobertura. Esto muestra que, para muchas personas, el seguro puede ser uno de los primeros contactos con una solución financiera formal pensada para proteger su realidad económica y productiva. Más revelador aún, el 80% de quienes recibieron una indemnización afirmó que no habría podido recuperarse del impacto económico sufrido sin el apoyo del seguro. En otras palabras, la cobertura no solo protegió una obligación financiera; protegió la capacidad de recuperación de las clientas, sus negocios y sus medios de vida.

Ese potencial también es evidente en riesgos como la salud, uno de los factores que con mayor frecuencia puede desestabilizar la economía de un hogar y afectar su capacidad de pago. La experiencia de INMEDICAL en Ecuador mostró cómo un microseguro de salud puede reducir de manera significativa los gastos de bolsillo y acercar servicios esenciales a poblaciones que no contaban con otros mecanismos de protección. Según su evaluación, el 87,3% de los usuarios no disponía de ningún otro seguro, mientras que el 97% reportó una reducción en sus gastos de salud. Esto confirma que los s, el eguros inclusivos pueden ser una herramienta concreta para ampliar el acceso a servicios, reducir vulnerabilidades económicas y proteger el bienestar de las familias.

En este contexto, los servicios añadidos en salud también forman parte de una propuesta más amplia para mejorar el acceso a servicios esenciales entre poblaciones vulnerables y, al mismo tiempo, hacer más tangible el valor del seguro. Al ofrecer orientación médica, telemedicina, descuentos en farmacias o acompañamiento antes de que ocurra un siniestro, estas soluciones permiten que las personas perciban el beneficio de la cobertura de manera más cercana y cotidiana. Esta perspectiva también fue reflejada en el informe preparado por el Grupo de Mejores Prácticas en Salud del MiN, presentado durante la conferencia, que destacó el papel de estos servicios como complemento clave para fortalecer la protección, la confianza y el uso efectivo de los seguros inclusivos de salud.

Estos puntos son especialmente relevante para el sector financiero. Muchas situaciones de mora no se originan en una falta de voluntad de pago, sino en shocks inesperados: una enfermedad, una emergencia familiar, una pérdida de ingresos o un evento climático. Por eso, cuando el seguro ayuda a una familia a enfrentar un gasto médico o a mantener su actividad productiva después de una crisis, también está protegiendo indirectamente la estabilidad financiera del cliente y de la institución.

El Congreso también mostró que algunas instituciones financieras ya están haciendo ese cambio de mentalidad. BANFONDESA, por ejemplo, compartió cómo ha logrado alcanzar cerca de 130.000 asegurados dentro de una base cercana al medio millón de clientes. Más allá de la cifra, lo más interesante fue la reflexión detrás de esa estrategia: la institución dejó de ver el seguro como un producto bancario adicional y comenzó a entenderlo como un servicio que fortalece su propuesta de valor para los clientes.

Ese cambio de perspectiva es fundamental. Cuando una institución financiera entiende el seguro como parte de su estrategia de inclusión, y no solo como un complemento del crédito, puede ofrecer soluciones que protegen ingresos, salud, negocios y estabilidad familiar. El seguro, entonces, deja de ser una herramienta para cubrir pérdidas y se convierte en un mecanismo para preservar el progreso que las personas han construido.

3. De la oportunidad a la acción: ¿cómo construir ecosistemas de protección que generen impacto?

Si algo quedó claro durante el Congreso es que cerrar la brecha de protección no depende únicamente de desarrollar más productos. Requiere construir ecosistemas capaces de generar valor para las personas antes, durante y después de un siniestro. Las experiencias compartidas por aseguradoras, instituciones financieras, organismos de desarrollo y proveedores de tecnología permitieron identificar varios elementos comunes presentes en las iniciativas más exitosas.

1. Diseñar desde la necesidad real del cliente, no desde la póliza

Una de las recomendaciones más repetidas durante el Congreso fue la necesidad de abandonar el diseño de productos desde la oficina y acercarse mucho más a la realidad de las personas. SERINSA, EstaCubierto.com, COOPHEL ASEI y Seguros Universales, coincidieron en que comprender los riesgos, comportamientos y motivaciones de los clientes es un paso previo indispensable antes de hablar de coberturas, primas o canales de distribución. Esto implica utilizar herramientas como entrevistas, grupos focales, prototipos y pruebas piloto que permitan validar las soluciones antes de lanzarlas al mercado.

La experiencia compartida por Aseguradora Rural, ilustró claramente este enfoque. A través de una alianza con el Programa Mundial de Alimentos (PMA/WFP) y MiCRO, la organización ha desarrollado soluciones paramétricas para proteger a pequeños agricultores y micro emprendedores vulnerables a sequías y exceso de lluvias en Guatemala. El programa comenzó con pilotos a pequeña escala y posteriormente logró expandirse a miles de personas en distintos departamentos del país. Uno de los factores clave de su éxito ha sido entender que el seguro es un componente dentro de una estrategia más amplia de resiliencia climática y seguridad alimentaria, adaptada a las necesidades específicas de las comunidades rurales.

Experiencias como las de RUS, TeleMed y MiC Global reforzaron esta idea al mostrar que el valor del seguro no debe limitarse al pago de una indemnización. La integración de servicios de telemedicina, orientación médica, atención digital y programas de prevención permite tangibilizar el beneficio para el cliente incluso antes de que ocurra un siniestro. Este tipo de servicios ayuda a construir confianza, mejora la experiencia del usuario y convierte al seguro en una solución cercana y útil en la vida cotidiana, no en una promesa distante que solo se activa frente a una pérdida.

2. La educación financiera debe convertirse en educación para la gestión del riesgo

Otro consenso transversal fue que la educación financiera no puede seguir viéndose como una herramienta de ventas. Rural Inclusion, Milliman, Fasecolda y Figuro plantearon que el verdadero objetivo debe ser ayudar a las personas a comprender los riesgos que enfrentan y desarrollar la capacidad de tomar decisiones para gestionarlos. La evidencia compartida durante la sesión mostró que el cambio de comportamiento no depende únicamente del conocimiento técnico, sino de factores como la conciencia sobre los riesgos y la disposición a actuar frente a ellos.

Sin embargo, la educación no debe dirigirse únicamente al cliente final. Varias experiencias señalan en que oficiales de crédito, agentes, corredores, reguladores y distribuidores también necesitan desarrollar capacidades para comprender el papel que juega el seguro dentro de la inclusión financiera. La experiencia presentada por Milliman en Malawi mostró, por ejemplo, cómo el involucramiento de líderes comunitarios capacitados permitió explicar mejor los beneficios del seguro y generar confianza entre los potenciales asegurados. El proceso también evidenció la importancia de diseñar materiales sencillos y adaptados al contexto local, así como herramientas prácticas para que los clientes comprendieran realmente qué estaban adquiriendo.

3. Alcanzar escala requiere ampliar el ecosistema de distribución

Las instituciones financieras seguirán siendo uno de los canales más importantes para los seguros inclusivos. Su cercanía con los clientes, capacidad de recaudo y conocimiento del mercado las convierten en socios estratégicos fundamentales. Pero el modelo está evolucionando y los canales tradicionales ya no son suficientes.

Cada vez más organizaciones están incorporando nuevos actores al ecosistema: cooperativas, asociaciones productivas, farmacias, centros de salud, comercios minoristas, plataformas digitales y organizaciones comunitarias. La experiencia compartida por AXA en Nigeria fue un ejemplo de esta tendencia. En lugar de intentar acercar directamente servicios de salud a poblaciones vulnerables, la compañía trabajó con farmacias locales para integrar servicios de telemedicina en su operación. Las farmacias no solo facilitaban el acceso, sino que aportaban confianza, proximidad y conocimiento del cliente. El resultado fue una solución más accesible y relevante para las comunidades atendidas que permitió la fidelización del cliente frente al seguro como a la farmacia.

Este tipo de experiencias refleja una evolución importante. Los mejores aliados ya no son únicamente aquellos que permiten vender una póliza, recaudar una prima o pagar un siniestro. También son aquellos que ayudan a eliminar fricciones, generar confianza, facilitar el acceso a servicios y mejorar la experiencia del cliente.

4. Las alianzas público-privadas son esenciales para crear mercados sostenibles

Otro aprendizaje clave fue que los seguros inclusivos no pueden desarrollarse de manera aislada. Representantes de APESEG (Perú), FEDESEG (Ecuador), CNseg (Brasil) y PALIG coincidieron en que los gremios y asociaciones tienen un papel fundamental creando condiciones habilitantes para que el mercado funcione de manera más eficiente. Su rol no consiste en vender seguros, sino en articular actores, promover buenas prácticas, impulsar políticas públicas y fortalecer capacidades. Desde la experiencia de PALIG, esta articulación entre actores le ha permitido generar más de USD 15 millones en primas y alcanzar cerca de 1,2 millones de personas aseguradas en cinco países, demostrando el potencial de los esfuerzos coordinados entre aseguradoras, distribuidores y organizaciones de apoyo.

5. Movilizar capital requiere algo más que financiamiento

Las intervenciones de ADA, el Programa Mundial de Alimentos (PMA), PNUD, BID Invest y el Gobierno de Luxemburgo dejaron claro que el desafío no es únicamente conseguir recursos. La tendencia migra hacia la incorporación de soluciones donde se integran la financiación combinada, los mecanismos de asistencia técnica, la innovación regulatoria y el fortalecimiento institucional, la cuales pueden ayudar a movilizar inversión hacia sectores tradicionalmente desatendidos como agricultura, salud y riesgo climático. El mensaje fue especialmente relevante para América Latina y el Caribe: los ecosistemas exitosos requieren capital, pero también necesitan capacidades locales, datos de calidad, marcos regulatorios adecuados y organizaciones capaces de ejecutar las soluciones en terreno.

4. De la inclusión a la resiliencia

Las conversaciones desarrolladas en el Congreso reflejan la evolución que está experimentando el sector. Los seguros inclusivos ya no son vistos únicamente como productos dirigidos a poblaciones de bajos ingresos. Cada vez más se entienden como una herramienta para fortalecer la resiliencia económica, social y climática de millones de personas. Si la región ya cuenta con conocimiento técnico, innovación, canales de distribución y experiencias exitosas, la pregunta ya no es si los seguros inclusivos pueden generar impacto. La verdadera pregunta es otra: ¿qué alianzas, capacidades y cambios institucionales necesitamos para llevar esa protección a la escala que millones de personas en América Latina y el Caribe siguen necesitando?