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El elefante blanco en la habitación: seguros, resiliencia climática y oportunidades para América Latina y el Caribe

Por Carlos Boelsterli, MiCRO & Nicolás Morales, Microinsurance Network

¿Podemos permitirnos que el seguro deje de estar disponible o siga inaccesible para quienes más lo necesitan? Esta pregunta incómoda pero urgente tomó protagonismo en la “Sustainability Week 2026” del BID Invest (SW26), celebrada este año en Barbados, donde más de 800 participantes provenientes de 46 países debatieron los grandes desafíos climáticos y financieros para el futuro de América Latina y el Caribe. 

En ese escenario, MiCRO — especialista en microseguros paramétricos que ya protege a más de 690,000 personas en seis países de América Latina — y la Microinsurance Network participaron en la agenda como organizaciones con una visión compartida: fortalecer la resiliencia de las poblaciones vulnerables frente a los riesgos climáticos mediante soluciones de protección financiera accesibles y sostenibles.

El elefante blanco en la habitación

Mia Mottley

Primera Ministra 

Barbados

Mientras gran parte del mundo debate sobre transición energética, adaptación climática y movilización de capital, la Primera Ministra de Barbados, Mia Mottley señaló un desafío que en su opinión no está recibiendo la atención que merece: el acceso al seguro. Lo describió como el verdadero "elefante blanco en la habitación". 

Su argumento es concreto: a medida que aumentan la frecuencia e intensidad de huracanes, inundaciones, incendios forestales y otros fenómenos climáticos extremos, el costo del aseguramiento crece de forma acelerada y, en algunos mercados, la cobertura simplemente comienza a reducirse. Las consecuencias van más allá de quedarse sin póliza, amenazan el acceso al crédito, frenan la inversión y comprometen el desarrollo económico de regiones ya golpeadas por el clima. 

Para los pequeños Estados insulares, la situación es especialmente crítica. Su tamaño, su alta exposición a amenazas naturales y la escala limitada de sus mercados hacen que las soluciones tradicionales de aseguramiento y reaseguro sean limitadas. Como señaló la Primera Ministra, “muchas veces estos países enfrentan desafíos estructurales que no son plenamente comprendidos por el resto del mundo, pese a encontrarse en la primera línea de la crisis climática”.

Una oportunidad para transformar la gestión del riesgo climático

América Latina y el Caribe concentra dos realidades que no deberían coexistir: una exposición elevada a riesgos climáticos y una de las mayores brechas de protección aseguradora del mundo. Millones de familias, pequeños productores agrícolas y microempresas continúan enfrentando eventos climáticos extremos (huracanes, inundaciones, sequías, entre otros) sin ningún mecanismo de protección financiera. Los gobiernos, por su parte, buscan nuevas herramientas para fortalecer la resiliencia de sus economías sin comprometer su sostenibilidad fiscal. Lejos de representar únicamente un desafío, esta realidad abre una oportunidad sin precedentes para innovar en la forma en que gestionamos los riesgos climáticos.

Una de las ideas más concretas que emergió durante la semana fue la agregación regional de riesgos: si los pequeños Estados insulares del Caribe, el Pacífico y el Océano Índico pudieran agrupar y gestionar sus riesgos colectivamente, generarían la escala necesaria para hacer viable un aseguramiento que hoy simplemente no existe para ellos. La colaboración regional, en este caso, no es un ideal abstracto, es una condición técnica para que las soluciones funcionen.  

De la conversación a la acción

Las reflexiones de Mottley encontraron respuesta directa en el panel sobre seguros paramétricos y resiliencia climática, donde Carlos Boelsterli, CEO de MiCRO, Nicolás Morales, Gerente Regional para LATAC de Microinsurance Network, participaron junto a Jan Petter Eskildsen, Director de BID Invest. El panel partió de una observación que parece obvia pero rara vez se dice explícitamente: el cambio climático se discute casi siempre desde la infraestructura, la energía o el financiamiento, pero hay una dimensión igual de importante que se ignora: la capacidad de las personas y las organizaciones de recuperarse rápido cuando ocurre un desastre. Ahí es donde los seguros paramétricos entran como herramienta, no como producto financiero tradicional, sino como mecanismo de recuperación acelerada.

A diferencia de un seguro convencional, que requiere evaluar daños caso por caso antes de pagar, un seguro paramétrico se activa automáticamente cuando un evento climático supera un umbral predefinido: la velocidad del viento de un huracán, el nivel de lluvia de una inundación, la temperatura de una sequía. Eso elimina semanas o meses de espera en el momento en que las familias y empresas más necesitan liquidez.

Sin embargo, una de las conclusiones más relevantes de la conversación fue que el reto ya no es únicamente diseñar buenos productos. En muchos casos, la tecnología, los datos y la capacidad técnica para construir estas soluciones ya existen. El verdadero desafío es llevarlas a escala.

Durante el panel se destacó que alcanzar esa escala requiere ir más allá de los canales tradicionales de distribución y comenzar a construir ecosistemas alrededor de la gestión del riesgo climático. La experiencia acumulada en distintos mercados muestra que los canales financieros son fundamentales para facilitar el recaudo y los pagos, pero no siempre son suficientes para llegar a las poblaciones más expuestas o generar los niveles de confianza, educación y acompañamiento que estas soluciones requieren.

Esta reflexión no es únicamente teórica. Durante la conversación se compartió una de las principales lecciones aprendidas por MiCRO en América Latina: la innovación no depende solamente del diseño del producto, sino de la capacidad de construir alianzas que permitan acercar estas soluciones a quienes más las necesitan. En Colombia, por ejemplo, los seguros paramétricos desarrollados por MiCRO han logrado proteger a más de 120.000 personas de bajos ingresos, demostrando que la combinación de tecnología, protección financiera y alianzas estratégicas puede hacer viables modelos de aseguramiento para poblaciones tradicionalmente excluidas.

Por ello, los seguros paramétricos están impulsando una nueva lógica de colaboración en la que aseguradoras, instituciones financieras, gobiernos, cooperativas, organizaciones agrícolas, plataformas tecnológicas y otros actores trabajan de manera articulada basados en un reconocimiento del beneficio que les representa el que “el último de la cadena” se pueda recuperar más rápidamente de desastres causados por fenómenos de la naturaleza. Más que distribuir seguros, se trata de construir ecosistemas de resiliencia capaces de acercar protección financiera a las comunidades más vulnerables y fortalecer su capacidad de recuperación frente a eventos climáticos cada vez más frecuentes e intensos.

Una oportunidad estratégica para el sector financiero y asegurador

El riesgo climático ya no es una amenaza futura, ya está afectando la estabilidad de economías, la capacidad de recuperación de hogares y empresas, y el desempeño de carteras de crédito e inversión en toda la región. Para las instituciones financieras, el desafío ya no es solo reaccionar cuando ocurre un desastre: es entender la exposición climática de sus propios portafolios y gestionarla antes de que se convierta en pérdida.

Aquí los seguros paramétricos ofrecen algo que va más allá de proteger al cliente vulnerable. Pueden fortalecer la resiliencia de las carteras financieras mismas, reduciendo la vulnerabilidad de sectores productivos expuestos y acelerando la recuperación después de una crisis. Con suficiente evidencia acumulada, esto también podría abrir la puerta a esquemas de financiamiento diferenciados para clientes con mejor gestión del riesgo climático: una institución que sabe que su cartera agrícola está cubierta ante sequías no está en la misma posición de riesgo que una que no lo sabe. En el fondo, la lógica es simple: si las inversiones inasegurables son también "in-invertibles", entonces empoderar a las personas para gestionar sus riesgos no es solo una cuestión de protección financiera — es una condición para el desarrollo. 

El resultado es una lógica en la que los incentivos se alinean: las personas y empresas se recuperan más rápido, las instituciones financieras reducen su exposición y las economías locales ganan resiliencia sistémica.

Mirando hacia adelante, “El elefante blanco en la habitación ya no puede seguir siendo ignorado”.

La crisis de asegurabilidad no es un problema del futuro, ya está ocurriendo, y América Latina y el Caribe están en el centro. Pero lo que quedó claro en Barbados es que también hay respuestas concretas: agregación regional de riesgos, seguros paramétricos, ecosistemas de distribución que llegan a donde los canales tradicionales no llegan.

El momento no es para seguir diagnosticando el problema. Es para construir. Para la industria aseguradora, las instituciones financieras, los gobiernos y los organismos de desarrollo, la pregunta ya no es si actuar, sino cómo hacerlo a la velocidad que la crisis exige.

Porque la resiliencia no se improvisa después de un desastre. Se construye antes. Y quizás la pregunta más importante que nos dejó Barbados es esta: ¿Qué ocurrirá primero: que logremos escalar las soluciones de protección financiera o que la crisis climática termine haciendo inaccesible el seguro para millones de personas?